Las cenas de negocios pueden ser la ocasión perfecta para cerrar un trato importante, conseguir contactos que explotar en el futuro o, simplemente, mantener unas buenas relaciones con nuestros clientes. En este último caso, no podemos dejar que la confianza entre las partes diluya las normas esenciales en cualquier reunión de este tipo. En los próximos párrafos, te mostraremos las pautas básicas de conducta y etiqueta en una cena con clientes.

Puede parecer una obviedad pero no por eso dejaremos de recordar que hay que saludar a todos los comensales cuando se llega al punto de encuentro. Aunque no conozcamos a algunos de los presentes, lo cual suele ocurrir en los eventos más multitudinarios, debemos acercarnos a ellos e intercambiar unas breves palabras de saludo. Es más, quizá descubras que puedes hacer negocios con algunas de estas personas desconocidas. Cuando hayas terminado la ronda de presentaciones, ni se te ocurra sentarse a la mesa hasta que se indique. La indicación puede llegar de manera explícita, si se nos invita a ello, o implícita, si el anfitrión u organizador de la cena lo hace en primer lugar.

A la hora de sentarse a la mesa, conviene mantener las formas en todo momento. Con esto nos referimos a evitar gestos como cambiar muchas veces la posición de la silla (procura acomodarte correctamente la primera vez que te sientes) o dejar la servilleta manchada desplegada de cualquier modo. Tampoco te levantes más de una o dos veces durante la cena. Es evidente que todos tenemos necesidades pero dejar solos a nuestros clientes puede considerarse un gesto de mala educación. Por otro lado, si nosotros somos los anfitriones de la cena, nos corresponde marcar los tiempos de la misma, razón de más para permanecer sentados a la mesa.

El último apartado a tener en cuenta es el de la elección de los platos. Si eres tú quien elige el menú, procura no ser excesivamente atrevido. La originalidad puede ser bienvenida, siempre y cuando no comprometa a nuestros acompañantes a consumir alimentos o recetas que les resulten poco apetecibles. De igual manera, el alcohol puede ser una expresión de buen gusto si se sirve con suma moderación. Una buena botella de vino puede contribuir a crear un ambiente más agradable para todos. Pero no olvides que se trata de un encuentro formal y que no puedes desinhibirte delante de tus clientes.