Nos encontramos en una época del año en la que, muy posiblemente, los empresarios y profesionales en general cuenten ya con una agenda repleta de comidas de negocios para las próximas semanas. Un error muy habitual en este tipo de eventos es el de confundir la cercanía con la informalidad. Una comida o cena convocada por profesionales debe verse siempre como una obligación comercial más, por lo que, aun existiendo vínculos personales intensos con el resto de comensales, hay unas normas de etiqueta básicas que cumplir.

La primera regla a observar es la importancia de saludar con cierta deferencia a todos los comensales. Es un error muy común centrarse en conversar con los invitados que ya conocemos o con los que tenemos una mejor relación, pero recuerda que no es una comida de amigos sino de negocios. Por supuesto, no olvides permanecer de pie hasta que llegue el anfitrión y se siente a la mesa. En determinadas comidas, no hay un profesional que haya convocado al resto, sino que todos se han puesto de acuerdo para celebrar la misma. Lo más recomendable en estos casos es esperar un tiempo razonable a que lleguen todos los comensales.

El siguiente bloque de pautas básicas comprende las formas que debemos guardar una vez estemos sentados a la mesa. Resulta totalmente desaconsejable pedir muchas explicaciones adicionales sobre el menú al anfitrión o a los camareros. Si estás dudando entre dos platos principales, deberás elegir cualquiera de ellos sin dilatar en exceso la decisión. En caso contrario, podrías dar la impresión de ser una persona irresoluta. Enlazando con lo anterior, si existe la figura del anfitrión, deja que sea él quien encargue los primeros platos.

Siguiendo con el desarrollo de la comida, es posible que se plantee la posibilidad de ingerir ciertas cantidades de alcohol (el vino es siempre señal de buen gusto, por ejemplo). Ten muy presente el contexto en que te encuentras y bebe con suma moderación. Otro tanto puede decirse de los temas de conversación que saques a relucir. Obvia cuestiones polémicas, de mal gusto o que resulten excesivamente frívolas. No es momento de parecer ocurrente sino de inspirar confianza. En último lugar, dedica el mismo tiempo a despedirte que el que tomaste para saludar a tu llegada. Sé cortés y, cómo no, muestra agradecimiento al anfitrión.