La posibilidad de almacenar archivos en una gigantesca base de datos a la que podemos acceder desde cualquier ubicación y/o soporte es, ciertamente, revolucionaria. Eso es, en resumidas cuentas, la nube, cuyas posibilidades para los negocios van mucho más allá del simple guardado de documentos. Los profesionales pueden acceder a estas plataformas para trabajar en línea, compartiendo los archivos y programas con otros usuarios. Evidentemente, semejante grado de interconectividad plantea ciertas dudas en cuanto a la integridad de los documentos. Pero, ¿cómo de segura es la nube para tu empresa?

Desde IBM Canadá, aseguran que las ventajas de la nube para los negocios compensan los posibles riesgos. La reducción de costes, la mejora en la gestión empresarial y la mayor comunicación entre profesionales son avances que se traducen en un aumento de la rentabilidad de cualquier actividad económica. Es una conclusión reconfortante pero que no oculta la realidad: si no se invierte en ciberseguridad, los negocios se exponen a sufrir ataques que podrían incluso provocar su cierre. Por lo tanto, si las empresas quieren aprovechar las innegables ventajas de la nube, tienen que asumir también ciertas inversiones.

Por principio, todas las conexiones realizadas en la nube deben ser monitorizadas de algún modo. Ya sea por su volumen de negocio, por la tipología de la actividad, por el escaso número de usuarios o por el tipo de archivos intercambiados, no todas las empresas están igualmente expuestas a sufrir ciberataques. Pero todas ellas sí deberían contar con sistemas de protección proporcionales al grado de uso que se haga de la nube. Por decirlo de otra manera, no es justificable que un negocio utilice la nube para aumentar su margen de beneficios pero no quiera reinvertir parte de esas ganancias en mejorar su ciberseguridad. Es precisamente este “egoísmo” lo que hace que la empresa sea más vulnerable en la nube, no la tecnología en sí.

Los usuarios pueden optar por contratar servicios especialmente adaptados a sus necesidades, evitando tener que pagar más por una cobertura que, realmente, excede los riesgos potenciales. Tampoco estaría de más profundizar en la formación de los empleados que van a trabajar con estas plataformas. La gran mayoría de ataques se producen por imprudencias de los usuarios, ya se trate de vulnerabilidades derivadas de la no actualización de los programas o la falta de atención. El factor humano sigue siendo, pues, determinante.