Las noticias sobre el desarrollo de la inteligencia artificial o de cualquier otra tecnología que se traduzca en una mayor autonomía para las máquinas generan, de manera comprensible, cierta inquietud entre muchos lectores. No es la primera vez que nos referimos a este asunto pero reconocemos que los prejuicios del gran público son una de una de las barreras más duras que deberán sortear las nuevas tecnologías. Una de las claves para disipar las dudas y extraer el máximo potencial de la ola innovadora que se avecina es la formación de los futuros empresarios.

Los emprendedores han de disponer de los conocimientos necesarios para entender, primero, cómo funcionan las tecnologías que intervendrán en su actividad económica (si es que no lo están haciendo ya) y, segundo, para ser él mismo quien tome las decisiones. Hasta la fecha, siempre que ha llegado alguna innovación tecnológica ha sido necesario un breve periodo de formación por parte de los profesionales. Esto se vio tanto en los primeros programas ofimáticos como en los sistemas más complejos que fueron popularizándose con la difusión de Internet. La gran novedad de nuestros días es los emprendedores tendrán que aprender a dejar cierto margen de maniobra a los robots.

Dicho de otro modo, las máquinas estarán previamente programadas para desarrollar una serie de tares y, a partir de ahí, los supervisores deberán confiar en que estas cumplan debidamente dichas funciones. No hablamos de olvidarnos de que los robots están ahí sino de entender que la lógica de su funcionamiento es muy distinta de la de los programas convencionales. Por ello, algunas empresas han empezado a formar a sus empleados para que trabajen junto a las máquinas automatizadas. Se espera que estas reemplacen a no menos de 9 millones de trabajadores humanos mexicanos de aquí a 2030, por lo que la cooperación entre ambos mundos será imprescindible.

Algunas instituciones académicas, caso de la Universidad Politécnica de San Luis Potosí, han actualizado los planes de estudios de las carreras más relacionadas con la gestión empresarial para incluir nociones avanzadas de robótica. Al fin y al cabo, no tendría sentido formar a los empresarios del mañana sin aportarles una base teórica mínima sobre un aspecto tan relevante de su actividad. Esto no significa, ni mucho menos, que el emprendedor deba ser un experto en la inteligencia artificial o en cualquier otra tecnología disruptiva. Sencillamente, deberá ser capaz de seguir el ritmo de estos sistemas.

Por supuesto, a medida que las empresas vayan aumentando su tamaño, la presencia de auténticos especialistas en estas tecnologías será totalmente necesaria. Nuevamente, el emprendedor podrá delegar las funciones de supervisión y control pero no debería dejar de interesarse por la evolución del sector. Retomando el ejemplo de la Universidad Politécnica de San Luis Potosí, este centro de estudios cuenta con programas de intercambios con otras instituciones europeas. La movilidad internacional y los contactos con entornos culturales diferentes es otro pilar de la formación que necesitan los emprendedores.

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