Israel, y, más concretamente, Tel Aviv, está considerada algo así como la Meca internacional del emprendimiento y de la aplicación de las nuevas tecnologías en el ámbito empresarial. No es ningún secreto que el Gobierno israelí ha impulsado numerosas medidas para atraer a más emprendedores al país de Oriente Próximo, así como ha dado su apoyo a iniciativas procedentes del mundo corporativo. En las últimas semanas, el Ejecutivo ha ido más allá al anunciar que el Estado de Israel facilitará garantías de pago para que las startups reciban financiación bancaria.

No se trata, por tanto, de una línea de crédito público puesto a disposición de las empresas, sino de un apoyo oficial de cara a negociar las condiciones de un préstamo. El programa ha sido puesto en marcha por la Autoridad de Innovación, un organismo dependiente del Gobierno israelí. Aharon Aharon, responsable de la Autoridad, ha presentado el plan como la demostración de la confianza del país en las posibilidades de sus empresarios. Y es que, si las empresas no son capaces de cumplir sus obligaciones de pago, el Estado actuará como avalista.

El programa no se limita a las startups israelíes, sino que, de hecho, parece estar ir dirigido precisamente a retener al talento foráneo y a hacer más atractiva la inversión extranjera en Israel. Aharon ha reconocido que Tel Aviv es un boyante nido de empresas pero el país se beneficiaría mucho más de esta realidad si, además de nacer allí, las startups se quedaran definitivamente en Israel. La Autoridad había apreciado, además, que muchas compañías cesaban su actividad, y los empresarios regresaban a sus países de origen, al quedarse sin fondos para crecer.

Otra realidad que preocupa al Gobierno hebreo es la tendencia a que grandes empresas extranjeras compren las startups cuando estas ya son capaces de crecer más de manera autónoma. El conocido como ‘dilema del emprendedor’ consiste, precisamente, en que si desea que su proyecto empresarial vaya a más, acabará perdiendo muchas veces el control real de su compañía. En términos nacionales, esto significa que Israel deja de beneficiarse del crecimiento de una empresa a la que ha puesto todo tipo de facilidades hasta ese momento. Por decirlo de otro modo, la cadena de valor de la startup no se aprovecha de manera íntegra.

Para acompañar esta preocupación con algunas cifras llamativas, Aharon recordó el caso de Kite Pharma, una compañía estadounidense que utilizaba propiedad intelectual procedente del israelí Instituto de Ciencias Weizmann. Cuando esta firma fue adquirida por otra compañía norteamericana por 12.000 millones de dólares, Israel vio cómo su propiedad intelectual se traducía en beneficios económicos para otros entes o países. Dado que Kite Pharma fue engullida cuando ya no podía crecer más por sus propios medios, desde Israel confían en que el nuevo programa evite desenlaces como este en el futuro. Seguiremos su evolución con interés.