Las operaciones financieras gestionadas a través de Internet se han multiplicado exponencialmente en los últimos años y, que nadie lo dude, seguirán aumentando de manera significativa en los próximos ejercicios. Esto, que supone una mayor comodidad para el usuario e incluso para las entidades financieras, también plantea importantes interrogantes en materia de seguridad. Por fortuna, los mecanismos para obstaculizar la actividad de los ciberdelincuentes también han mejorado a marchas forzadas. Algunas de las últimas técnicas en este sentido han aprovechado las posibilidades de la Inteligencia Artificial.

Uno de los tipos de fraudes más generalizados es el de las tarjetas de crédito, ya se trate de su robo y posterior utilización en Internet o de su hackeo en espacios web fraudulentos. Por ello, algunas compañías de ciberseguridad han empezado a introducir sistemas que utilizan la Inteligencia Artificial para detectar cambios sospechosos en los patrones de conducta de los usuarios. Por ejemplo, si se produce una compra especialmente cuantiosa (sin ser lo habitual en ese usuario) o si se realiza un movimiento igualmente llamativo entre cuentas, el sistema puede lanzar una alerta.

Este protocolo se sustenta sobre algoritmos que establecen auténticos modelos matemáticos, que sirven como referencia para inferir si la cuenta o la tarjeta de crédito han sido hackeadas. MasterCard, por ejemplo, ha ido un paso más allá y ha introducido mecanismos para actualizar los cálculos de su sistema de prevención de fraudes financieros, de acuerdo con los cambios en la vida del usuario. Dicho de otro modo, si este sistema sería capaz de deducir si los cargos en una determinada cuenta son plausibles, ponderando para ello diferentes parámetros (nómina del usuario, situación familiar, categorías de compras más habituales…).

Ante todo lo anterior, podría objetarse que cuando un usuario intente realizar una transacción que se salga de la tónica de las anteriores, saltará siempre la alerta. Precisamente, la principal ventaja de la Inteligencia Artificial es que tendrá capacidad para discernir cuándo la operación ha sido realizada por el usuario y si resulta lógica en un contexto determinado. En definitiva, el sistema de prevención del fraude debería seguir el razonamiento de una persona para concluir si debe autorizarse o no la transacción.

Lo más relevante de esta aplicación de la Inteligencia Artificial es que está desarrollando algoritmos que simulan el pensamiento humano. El fraude ha estado siempre presente desde la aparición de Internet (también lo está más allá de la red, por supuesto) pero nunca hasta ahora se disponía de una tecnología tan precisa para combatirlo. La Inteligencia Artificial mejorará la seguridad de nuestra actividad financiera en línea y lo hará reduciendo los costes operativos, tanto para nosotros como para las entidades. ¿Qué más podemos pedir?

Déjate sorprender por el avance de la Inteligencia Artificial leyendo nuestras próximas entradas.