La industria cinematográfica nos ha dejado escalofriantes ejemplos de lo que podría llegar a suceder si los robots adquieren plena conciencia y, por consiguiente, pueden actuar con total autonomía. Posiblemente, las grandes cintas de ciencia-ficción están detrás del innegable temor social al posible desarrollo de la ética en el ámbito de la Inteligencia Artificial (IA). No estamos seguros de conseguirlo pero en las próximas líneas trataremos de explicar por qué debemos asistir con tranquilidad a esta controvertida innovación tecnológica.

En primer lugar, conviene precisar que la alarma ciudadana no es tan generalizada como cabría suponer. Un estudio realizado por la agencia ARM asegura que el 61% de los consultados cree que el desarrollo de la ética en las máquinas será “positivo” o “muy positivo” para la sociedad. Claro que para llegar a este grado de conciencia en la Inteligencia Artificial todavía queda un largo camino por recorrer. Por ejemplo, primero habría que profundizar en la capacidad de toma de decisiones, tanto con motivaciones éticas como sin ellas. Esto puede verse como una fase de pruebas para pulir los posibles efectos negativos del desarrollo ético.

Tengamos en cuenta que uno de los fundamentos de la IA, al menos, tal y como está concebida en la actualidad, son las largas listas de algoritmos que provocan una sucesión aún mayor de respuestas. Para conseguir que las máquinas se rijan por una serie de principios que podamos asociar con una ética o una moral, el papel de los ingenieros será determinante. En lugar de ofrecer respuestas mecánicas previamente establecidas, se está trabajando en las acciones ejecutadas tras un proceso de “reflexión” local. Por otro lado, con este avance las máquinas no tendrían por qué intercambiar información con otras bases de datos.

Por supuesto, la duda lógica que se plantea tras esta última afirmación es la de si este desarrollo podría conducir a que las respuestas de los robots sean impredecibles. Sobre este punto, los desarrolladores tranquilizan a los usuarios asegurando que la programación previa seguirá siendo necesaria en la IA. Esto significa que podría darse el caso de que cada robot reaccionara de una manera frente a una misma realidad pero no que alguna de estas máquinas ejecutara una acción no prevista por los diseñadores. Por consiguiente, la respuesta a la pregunta con la que abríamos esta reflexión es que no, no debería inquietarnos el desarrollo de esta potente tecnología.