La Navidad es la época del año en la que se realizan -y se reciben- más regalos. La mayoría de ellos se intercambian en el ámbito familiar o entre amigos, pero los negocios no siempre quedan al margen. Muchos clientes acostumbran a hacer entrega de algún obsequio a los profesionales, en señal de aprobación por el trabajo realizado. No obstante, esta práctica plantea no pocos problemas éticos e incluso económicos. Los regalos son siempre bienvenidos pero recibirlos por parte de clientes puede afectar a la propia actividad empresarial. A continuación, explicamos por qué.

Lo primero que hay que tener claro es qué entendemos por regalo. Por norma general, aceptaremos como tal cualquier presente que implique un desembolso económico por parte del cliente y que cuente con cierto valor intrínseco. Quedarían por tanto fuera de esta categoría aquellos regalos con una mayor carga simbólica que física, como una postal navideña. Está más o menos establecido que esta segunda tipología de regalos no plantea ningún conflicto ético para el profesional, en tanto se trata de una tradición muy arraigada en estas fechas.

Ahora bien, cuando el regalo es físico, el profesional está obligado a seguir determinados criterios para aceptarlo o no. Por un lado, debe considerar si la aceptación (o la no aceptación) del mismo va a influir de algún modo en su relación con el cliente. Segundo, aunque no es el aspecto más relevante, hay que valorar el precio estimado del regalo, teniendo claro que un presente muy caro deja al profesional en una situación de subordinación. Tercero, no puede pasarse por alto la duración y la intensidad de la relación entre cliente y profesional. Por último, el momento de la relación profesional en que se realice el regalo no es nunca casual.

Teniendo en cuenta todas estas consideraciones, es posible establecer un protocolo objetivo para aceptar o no regalos de los clientes. Muchos profesionales aplican una estricta política de no aceptación de regalos. Presenta la ventaja de no incurrir en agravios comparativos pero puede ofender a ciertos clientes. Es por ello que otros profesionales sopesan cada caso de manera particular. Sea cual sea la decisión, es muy importante utilizar las expresiones más apropiadas para aceptar o rechazar el regalo. La cordialidad ha de estar por encima de todo para que el cliente entienda que no es una cuestión personal.