La imagen que se nos proyecta del hombre de negocios exitoso es la de alguien que sale cada día de casa con la intención de comerse el mundo y, de paso, aparece siempre impecable en lo que a su indumentaria y aseo personal se refiere. Por encima de los tópicos, la confianza en uno mismo (o autoestima, si lo prefieren) es un requisito imprescindible para dirigir una empresa con buenas perspectivas. Desgraciadamente, los empresarios se ven envueltos en contextos de gran incertidumbre o tribulación con gran frecuencia. Conservar la confianza en aquello que se está haciendo no es, pues, una tarea sencilla.

Antes que nada, conviene realizar una precisión importante. Las dudas van a estar siempre muy presentes en cualquier actividad económica, puesto que hay muchas variables con las que debemos lidiar y que escapan totalmente a nuestro control o a nuestra previsión. Sí que podemos decidir cómo afrontamos estas pruebas que, inexorablemente, nos irá poniendo el destino. Ni que decir tiene que el estado anímico es fundamental para no derrumbarse a las primeras de cambio. En este sentido, contar con una vida familiar o personal organizada y estable es siempre de gran ayuda.

Algunos expertos señalan que algo tan intangible como la felicidad es la mejor preparación para lo que puede venir, lo cual estaría en relación con el buen clima doméstico. También se subraya la relevancia de actuar con claridad y determinación. Es posible que se tomen malas decisiones, de hecho, es más que probable que así suceda. En cualquier caso, las acciones tienen que obedecer a unos criterios que juzguemos apropiados para nuestro negocio. Actuar de esta manera nos da la confianza de estar haciendo lo mejor para el proyecto que tenemos entre manos, sea cual sea el resultado final.

A estas alturas, debe haber quedado claro que confianza y éxito no tienen porqué ir de la mano en todas las ocasiones pero rara vez conseguiremos lo segundo si falla lo primero. Tampoco perdamos de vista un ingrediente tan discreto como necesario, la motivación. El día en que no seamos capaces de explicar por qué estamos haciendo una tarea, esta habrá dejado de tener sentido. No podemos obcecarnos con la idea de sacar algo adelante si no hay pasión de por medio. Porque los negocios, como el resto de las cosas importantes de la vida, necesitan grandes dosis de pasión y entrega.

En suma, recuperar la ilusión (si es que se ha perdido) y tomar conciencia de las posibilidades reales de nuestro proyecto (nunca con pesimismo) son los dos pasos ineludibles para guiar una empresa con confianza. Recuerda, por último, que la confianza es la gasolina que te permite completar todas tus acciones. Tenlo presente para no dejar nunca vacío este depósito.